Kate Moss y el regreso de los exorcistas

(Nota publicada en Newsweek Argentina 04-08-2010)

Esto no es “tocuen”, diría maradona. pero viviríamos más tranquilos si lo fuera. Kate Moss, la supermodelo inglesa de delgadez anoréxica y millonarios contratos, contrató a un chamán para que “limpiara su casa de la energía del Diablo”. Kate, que quiere cortar de raíz la mala suerte que pareció asediar su lujosa mansión en los últimos meses, no es la única cliente (aunque sí la más famosa) de un gremio increíblemente universal y ecuménico: los exorcistas. Kate, que parece haber contratado a su espanta-demonios por pedido de su novio  Jamie Hince, un rockero muy creyente en lo sobrenatural, pretende acabar con varios infortunios domésticos, como el robo de una obra de arte de 80.000 libras o la inundación de varias habitaciones, que le produjo pérdidas por otras 100.000 libras.

Los exorcistas ganaron protagonismo en las últimas semanas. Un cable de EFE fechado el 21 de julio da cuenta de la desesperada fuga de una nena de diez años de su casa en Johor, Malasia, donde su tío, aconsejado por una hechicera, le hizo varias quemaduras en las manos y la mantuvo esposada y sin alimento para librarla del espíritu maligno que le traía “mala suerte”. La chica llegó al hospital con hematomas en la cara, muñecas hinchadas y varias costillas rotas, según relató el diario malayo New Straits Times. Un día antes, un chico ruso de 4 años tuvo peor suerte: murió minutos después de que un chamán lo sometiera a un rito de exorcismo para curar a su abuela de diabetes.
Malasia y Rusia pueden parecer lejanas. Pero en Paso de la Patria, Corrientes, el cura párroco Rubén Valenzuela aseguró a los diarios el 13 de julio que exorcizó a un adolescente de 15 años afectado de parálisis corporal tras practicar el juego de la copa en el cementerio local. “Se rezó una oración de exorcismo tomada del papa León XIII, que sirve para liberar casas y personas”, declaró. En Santos Lugares, en tanto, el obispo luterano Manuel Acuña aseguró a la agencia Noticias Argentinas haber realizado más de 200 exorcismos. Y dijo que más de un 40 por ciento de los poseídos había participado en el juego de la copa, o ouija. En la Argentina, en cada diócesis de la Iglesia Católica hay un exorcista oficial. Todos se rigen por normas emanadas del Vaticano.

Si bien hay menciones bíblicas a expulsiones demoníacas realizadas por Jesús, las técnicas actuales de exorcismo católico nacieron en el siglo XVII en una de las últimas oleadas de la Inquisición. El historiador Jules Michelet (1798-1874) cuenta que el sur de Francia se convirtió en el epicentro de las posesiones diabólicas durante la primera mitad del siglo XVII. Y en 1614 se redactó el ritual católico para expulsar demonios, que sólo tuvo unas pequeñas modificaciones en 1984, bajo el papado de Juan Pablo II, y consiste en una serie de rezos y unciones en agua bendita. No es tan espectacular como el que se muestra en el clásico de Hollywood “El exorcista”, de William Friedkin, ni tan violento como los verificados en Malasia o Rusia.

Sin embargo, quienes se ocupan de los exorcismos en Roma no siempre dan señales muy tranquilizadoras. Los encargados del curso oficial sobre el tema en la Pontificia Universidad Regina Apostolorum son los Legionarios de Cristo, la congregación que el mismísimo Benedicto XVI tuvo que intervenir en marzo pasado luego de que se comprobara las denuncias de abuso sexual contra su líder, el mexicano Marcial Maciel. Gabriele Amorth, exorcista principal de la Iglesia Católica residente en Roma, tampoco parece muy medido cuando afirma en sus memorias recién publicadas que cardenales, obispos y sacerdotes que buscan aggiornar aspectos de los cánones católicos “están influenciados por Satán”.

Según la Guía Latinoamericana de Diagnóstico Psiquiátrico, las personas bajo supuesta posesión demoníaca sufren una “pérdida temporal del sentido de identidad personal y de la plena conciencia del entorno”. Y Claude Lévi-Strauss explicaba que las curas por chamanes y religiosos consisten en “hacer aceptables para el espíritu los dolores que el cuerpo se rehúsa a tolerar”. El antropólogo francés sostenía que era irrelevante  si la creencia del sacerdote o chamán correspondía o no a una realidad objetiva: quien se siente endemoniado cree en esa realidad.  Cuando el exorcista coloca al elemento causante de un trastorno (el dolor de una pérdida, un duelo o un conflicto no resuelto) representado por un demonio en un contexto coherente para el “poseído”, se produce una cura.

Andrés Rascovsky, presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina, participó de experiencias con psiquiatras y “padres santos” de candomblé en Bahía (Brasil) y presenció “curas” realizadas por Mario Pantaleo. Dice que la religión y la magia son estrategias infantiles, de culpa y de sometimiento. Y recuerda que la cura no es resolver síntomas, sino elaborar las causas de un conflicto. Más allá de un eventual alivio pasajero, “¿hay un crecimiento personal (con los exorcismos)?”, se pregunta. Rascovsky advierte también que la creencia en espíritus malignos alimenta la barbarie. “Quienes ofrecían en el siglo XVII una cura para los poseídos mandaban a la hoguera a quienes ellos mismos habían decretado como poseídos. ¿Tenían razón o los poseídos por una psicosis religiosa fueron los propios inquisidores?”, cuestiona. El chamán de Kate Moss quizás se anime a responder, una vez que termine su esmerada tarea. Cualquier respuesta merece respeto, pero que se acaba si la opción aviva una guerra santa del bien contra el mal en la que no importan las bajas en este mundo, a costa de la gloria prometida en el más allá.

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