Los que se toman Halloween en serio

Aunque la noche de brujas ya es parte de una costumbre festiva argentina, algunos la celebran rescatando el carácter mágico con el que nació.
Por Leonardo GentileHabrá promociones en shoppings, calabazas de plástico repletas de golosinas en supermercados, maratones de películas de brujas, fiestas de disfraces y hasta líneas de lencería alusivas a Halloween. La boreal Noche de Brujas está instalada entre las costumbres argentinas.

Pero no sólo se verá a chicos pidiendo caramelos. También, en la noche del domingo 31 de octubre, más de un centenar de mujeres en Buenos Aires pronunciarán fórmulas mágicas, realizarán adivinaciones, alzarán sus túnicas y saltarán sobre una hoguera en la que se consumirán sus deseos y buscarán así recibir calor entre sus piernas para llamar a la fertilidad.

Mientras la versión más edulcorada de Halloween gana las calles, grupos paganos, que ven en esa Noche de Brujas hollywoodense una caricatura vacía, celebrarán la fecha intentando seguir la tradición europea que la originó antes de que el cristianismo conquistara el Viejo Mundo (sigue).

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Cuando en Irlanda y otras islas del Mar del Norte aún no habían oído hablar del Papa ni de Roma, la Noche de Brujas se llamaba Samhain y era un festival oscuro que marcaba el Año Nuevo Celta, en la que, según la creencia de ese pueblo, se descorría el velo que separaba el mundo de los vivos del de los muertos.

Los cambios en la celebración empezaron con San Patricio, un misionero cristiano que en el siglo V se ganó la confianza de los druidas, líderes religiosos celtas, respetando sus tradiciones, las que en el fondo consideraba supersticiones, para adaptarlas de a poco a la doctrina católica.

“Después de la muerte de San Patricio, el papa Bonifacio  IV, en el año 607, dedicó en Roma una iglesia a Todos los Santos. En 731, otro Papa, Gregorio III, decidió que se celebrara el día de Todos los Santos el 1º de noviembre, en un intento por incorporar Samhain al culto cristiano”, explica Ana Silvia Karacic, docente de Religiones Comparadas en la Escuela de Estudios Orientales de la Universidad del Salvador y especialista en estudios celtas.

“Desde Roma se buscaba alejar a los celtas del panteísmo. Para hacerlo, convirtieron la fecha dedicada al Samhain en el día de todos los Santos”, agrega.

Karacic describe la antigua Noche de Brujas o Año Nuevo Celta como “una festividad que marcaba el comienzo de la edad oscura, una fecha sagrada donde se abre un paréntesis en el que es posible introducirse en el tiempo del Otro Mundo”.

Ese intento cristiano de apropiarse de aquella fiesta popular celta y convertirla en la fiesta de Todos los Santos fracasó. Es que los monjes la concebían como la celebración de los Justos, el resto debía pagar por sus culpas en el Infierno. Y para las creencias celtas no existían las nociones de culpa o Infierno: sólo las faltas y la necesidad de cumplir una misión. Así, los espíritus celtas irlandeses salían en la noche de Samhain a cumplir su misión y se reunían en las hogueras que se encendía en las casas, donde compartían comida y bebida. “La gente bebía hasta embriagarse y la fiesta solía terminar en orgías”, revela Karacic.

En el siglo X hubo otro intento de resignificar Samhain separando la liturgia de Todos los Santos del recordatorio de los muertos. “Teólogos cristianos sugirieron que los vivos debían ayudar a los muertos con plegarias. Así nació el Día de los Difuntos, el 2 de noviembre, a continuación del de Todos los Santos. Se corrió la fecha para que no coincidiera con Samhain, pero los celtas seguían confundiendo las fiestas”, agrega Karacic. Según la especialista, el cristianismo tuvo que ser tolerante y dejó la noche y el día previos a Todos los Santos para esas manifestaciones celtas. “Creyeron que era mejor permitirlas en una fecha determinada a que irrumpieran en medio de una festividad sagrada”, completa.

Con pocos cambios, la víspera de Todos los Santos (en inglés, All Hallows Eve) se mantuvo en las islas y parte de Europa hasta el siglo XIX, cuando los irlandeses migraron hacia América. “Las familias llevaron las viejas tradiciones consigo pero, al desembarcar, un clima religioso hostil los obligó a alivianar sus creencias”, sostiene Karacic.

Primero cambió el nombre. De All Hallows Eve pasó a Hallowe’en. “Los niños no buscan el calor de los ancestros que les ayuda a cumplir su misión, sino caramelos. Luego la tradición de Jack of The Lanthern —otra leyenda irlandesa—, se mezcla con la de Samhain y se suma a la fiesta las calabazas talladas”, agrega la especialista. Esa desacralización y el colorido del festejo hicieron que Hallowe’en se extendiera a todos los Estados Unidos.

Un siglo después, en Europa, grupos neopaganos recuperaron el antiguo Samhain. Gerald Gardner, un inglés jubilado y brujo practicante, puso por escrito en 1954 los conceptos básicos de la Wicca, una religión neopagana. Según él, la Wicca representa la tenaz supervivencia de cultos antiguos como el celtismo. Muchos historiadores desconfían de la relación entre viejas creencias y la Wicca que defiende Gardner.  Y sostienen que, en verdad, el creador de esta fe hizo un cóctel con las creencias celtas y elementos tomados de varios libros de magia.

De una forma u otra, los seguidores de la Wicca convirtieron el Samhain en uno de sus cuatro sabbaths anuales.

Fire Valkyria, una diseñadora gráfica que vive en Barrio Norte y practica la Wicca, se prepara para celebrar un ritual pagano el domingo. “No hay ningún misterio en esta fiesta, pero preferimos hacerla a puertas cerradas. Las miradas ajenas rompen el clima y no se puede ritualizar bien si Doña Tota está espiándome para saber si estoy poseída por el Diablo”, bromea.

El rito del Samhain tiene pautas precisas. Hasta trece personas vestidas con colores oscuros se reúnen en círculo, cierran las cortinas, levantan un altar con un caldero, frutas y un pentáculo en el piso, encienden velas oscuras y la sacerdotisa —en este caso, Fire Valkyria— traza el triple círculo mágico de protección: primero con una daga ritual llamada “athame”, luego con sal y agua, y por último sahumando incienso.

“Luego llamaremos a los guardianes de los cuatro elementos, aire, fuego, agua y tierra, cada uno ubicado en un punto cardinal”, explica Fire. La sacerdotisa y el sacerdote llaman al Dios y a la Diosa y empieza el ritual. Se agradece ofrendando manzanas, calabazas, granadas y semillas. Luego se pide protección y se recuerda a los muertos.

“Tras un momento de introspección, empieza la parte con más magia. Todos cantan y cada uno de los presentes prepara un papel en el que ya escribió aquello de lo que quiere desprenderse. Con una vela, quema el papel y lo arroja al caldero donde su pedido arde hasta extinguirse. El fuego es el medio para que nuestros deseos lleguen a los dioses”, relata Fire.

Luego se bendicen panes, vinos dulces o cervezas y se comparte un “festín sencillo” entre los presentes. Por último se levantan, despiden al Dios y a la Diosa y a los guardianes de los elementos.

La sacerdotisa abre el círculo y dice una fórmula mágica: “el círculo está abierto, mas no roto. Feliz partida, feliz regreso”. La ceremonia habrá demandado entre una y dos horas.

En el Hemisferio Sur, explica Fire, Samhain debe festejarse el 31 de mayo, fecha equivalente al 31 de octubre boreal.

Y el 31 de octubre,  la festividad opuesta, el Beltaine o llegada de la luz y la fertilidad, coincidente con la primavera-verano.

El Beltaine es una celebración más alegre pero igual de exótica. Claudia Vico, otra sacerdotisa neopagana, que vive en el barrio porteño de Saavedra, cuenta que la estructura del ritual de Beltaine es similar a la del Samhain, pero cambian los colores y las ofrendas empleados. “Se usa frutos rojos, bebidas espirituosas y se celebra la fertilidad: es una fecha excelente para pedir pareja”, asegura.

Uno de los momentos claves de este ritual es el salto sobre el fuego del caldero, costumbre que, al ser vista por los no iniciados, originó la creencia medieval del vuelo de las brujas. “Nos levantamos un poco las túnicas y saltamos sobre el fuego, sin ropa interior para que el fuego avive nuestras parejas con su calor”, explica Vico, sugestiva.

A diferencia del grupo de Fire Valkyria, Vico prefiere celebrar en espacios abiertos como plazas, parques o terrazas. Tanto el Beltaine como el Samhain terminan con una lectura de oráculos y un festín.

“Antes, en Beltaine se llevaba a la práctica el significado de la fiesta. La gente hacía el amor en los surcos porque creía que así fertilizaba la tierra antes de la siembra. Nosotros por ahora no nos animamos, pero tal vez más adelante empecemos a hacerlo también”, concluye, entre risas.

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