Las líderes de una secta satanista que reclutaba niños para sus sacrificios

La Justicia correntina condenó a Ana María Sánchez y Martina Bentura a perpetua por el crimen de Ramón González. Se supone que cumplían distintos roles: una era la reclutadora; la otra, la sacerdotisa.

(Diario Perfil 03-04-2011)

Martina Bentura es fría y distante; Ana María Sánchez, amable y seductora. Parecen distintas, pero ambas fueron condenadas a prisión perpetua junto a otras cinco personas por el crimen ritual de Ramón González, el chico de la calle de 12 años, ocurrido en octubre de 2006 en Mercedes, provincia de Corrientes. Según el fallo, serían las organizadoras de una secta dedicada a conseguir menores para prostituirlos u ofrendarlos en sacrificios mágico religiosos.

Ramón González, conocido como “Ramoncito”, apareció muerto en un baldío el 8 de octubre de 2006. Su cuerpo estaba decapitado, sin sangre y sin algunas vértebras. Lo habían torturado las 24 horas previas a su muerte, en las que lo violaron, lo marcaron con cigarrillos en su costado izquierdo y hasta brindaron con su sangre.

Además de Bentura y Sánchez, otras cinco personas fueron condenadas a prisión perpetua y otras dos fueron absueltas. Según el dictamen, el crimen ritual fue planificado por la secta en la que Bentura y Sánchez ocupaban el rango máximo: la “última generación”, de acuerdo a su propia nomenclatura.

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La sacerdotisa. Para la Justicia, Ana María Sánchez ofició de sacerdotisa en el ritual. En una entrevista con PERFIL, se muestra amable y bien arreglada, pero parece vivir en un mundo paralelo. De hecho, la pericia forense advierte que sufre “un trastorno de la personalidad por dependencia que utiliza la negación como mecanismo de defensa”.

Réplica a esta nota: ¿Y ahora son los líderes sectarios los que sufren transtorno de dependencia? en Blog de APG Argentina

Mientras exhibe primorosas mantas de ñandutí que teje en cautiverio, niega los cargos en su contra y explica con argumentos llamativos las pruebas.

Sostiene que compró y subrayó por “pura curiosidad” el libro de magia negra (ver aparte) hallado en su casa, que parece haber servido de guía para el crimen ritual. “Que yo sepa hay libertad de expresión en este país”, dice.

Afirma que la guadaña que, se sospecha, fue usada en el rito, “es una joya más” de su colección de antigüedades. Que el sayo indicado para celebrar misas negras “es un camisón”. Y que las fotos de políticos “tenían clavados alfileres para practicarles reflexología”, una técnica terapéutica basada en masajes dactilares.

La reclutadora. Bentura fue calificada por Norma González, la madre de la víctima, como la “arrastradora de niños” de la banda. Una adjetivación que podría atribuirse a la fuerte tradición popular que tiene el estereotipo de bruja infanticida. Tradición que, según dice en su libro Strix Hispánica el historiador Fabián Campagne, habría nacido en España en el siglo XV y fue creciendo en la América hispana.

La atracción que Bentura ejercía sobre los menores tenía manifestaciones concretas. Según la madre de Ramoncito, el nene recibió un reloj, supuesto regalo de la mujer ahora condenada. A partir de ese momento sólo obedecía a ella.

También Ramona Gauna, principal testigo del crimen, respondía exclusivamente a Bentura, quién le regalaba celulares y le prometía entradas para ver a su cantante favorita: Belinda. Claro que, según la causa, a cambio la nena debía fotografiar chicos que pesen menos de 42 kilos. ¿El objetivo? Usarlos en rituales.

Al menos eso declaró Marcela García, mamá de Carla, que ahora tiene doce años. “Antes de lo de Ramoncito, yo vivía cerca de lo de Bentura. Y en una librería encontré una foto de mi hija que se había perdido. Según la vendedora, Bentura la había llevado a ampliar en la fotocopiadora.” García pidió explicaciones, no las obtuvo e hizo una denuncia policial. Recuperó la foto pero luego Bentura volvió por su hija. “De noche, mandaba a otro nene a golpear la ventana de su dormitorio para que salga a jugar con él; le ofrecía regalos. Si mi hija se hubiera asomado, quizá su destino hubiera sido el mismo de Ramoncito”, cuenta García.

La propia Bentura fue víctima de maltratos. Huérfana a los 4 años, fue internada en un colegio y en un orfanato. Recién a los 13 volvió con su padre, ya casado con otra mujer y con ocho hijos. Según fuentes judiciales, en la pericia psiquiátrica se la describe como “una persona siempre marginada, con todo para desarrollar una personalidad psicopática, insensible, amoral y manipuladora. Y a la vez ambiciosa al extremo”

El libro de magia negra que ofició de guía en el cruel asesinato de Ramoncito

“Aquellos que tengan miedo pueden cerrar el libro, y las personas sujetas a impresiones nerviosas harán bien en distraerse y abstenerse”, advierte el prólogo del libro ¿Qué es la magia negra? Respuestas a todas sus preguntas, de Francis Roland, hallado en casa de Ana María Sánchez, quien tenía marcada la página 56 y algunos párrafos subrayados bajo el título “La misa negra o misa del diablo”. Ellos explican parte del ritual que se llevó a cabo al matar a Ramoncito.

“La ostia se le daba a un niño hermoso e inocente de costumbres, y a quien se lo había preparado para tomar la primera comunión. Entonces se lo degollaba sobre las mismas gradas del altar (…) Su cabeza separada del cuerpo de un solo tajo”, se lee allí.

Las primeras referencias a misas negras aparecen en una investigación encargada por Luis XIV en París, hacia 1679. Su reaparición en Mercedes responde a lo que el antropólogo social José Humberto Miceli –consultado por el Tribunal– llama “hibridación de cultos afrobrasileños, satanismo y magia hispano guaraní, entre los que se destaca el culto al Señor La Muerte”.

Según Miceli, estas creencias fueron tergiversadas por la secta que formaban Martina Bentura y Ana María Sánchez, ya que “ni el culto al Señor La Muerte ni los cultos afrobrasileños promueven sacrificios humanos”.

Pero hay otros pasajes del libro de Roland que parecen haberse puesto en práctica en Mercedes:

* Antes de la evocación, los celebrantes debían comer sangre sazonada con especias. Según la declaración de una testigo, “un ente vestido de blanco con cara demoníaca con guadaña les indicaba comer morcillas hechas con sangre de aborto”.

* El día de la evocación debía ser “la noche del viernes al sábado”, momento en que se torturó a Ramoncito.

La investigación del caso requirió de policías especializados, capaces de leer el significado de los elementos rituales secuestrados o de decodificar el testimonio de testigos captados por la secta.

La subcomisario Claudia Blanco, que investigó el caso, sostiene que la secta sometía a los menores usando la magia para “conseguir mano de obra barata para actividades ilícitas en grupos de alta vulnerabilidad”. Por ello, de la causa principal se desprendieron otras dos en la Justicia Federal de Paso de Los Libres, una para investigar la trata de menores y otra por un posible contrabando en el que estarían involucrados algunos de los imputados

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5 comentarios sobre “Las líderes de una secta satanista que reclutaba niños para sus sacrificios

  1. […] Luis Enciso es millonario, tiene 95 años, un avión Cessna y hasta campos con pistas de aterrizaje. Gran parte de su tiempo lo pasa apoyado en su bastón, contemplando sus tierras en las que pastorean miles de vacas de su propiedad. Algunos jueces lo daban por muerto y él aspiraba a una vejez en paz, pero la hermana Martha Pelloni lo acusó en el juicio que se lleva a cabo en Mercedes, Corrientes, de ser uno de los que pagó para que violen y maten a un nene de 11 años en un crimen ritual ocurrido en 2006. […]

  2. […] Luis Enciso es millonario, tiene 95 años, un avión Cessna y hasta campos con pistas de aterrizaje. Gran parte de su tiempo lo pasa apoyado en su bastón, contemplando sus tierras en las que pastorean miles de vacas de su propiedad. Algunos jueces lo daban por muerto y él aspiraba a una vejez en paz, pero la hermana Martha Pelloni lo acusó en el juicio que se lleva a cabo en Mercedes, Corrientes, de ser uno de los que pagó para que violen y maten a un nene de 11 años en un crimen ritual ocurrido en 2006. […]

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