La prueba científica: la entomología forense encaminó la investigación

(nota completa) Apenas aparecieron los cuerpos de Houria Moumni y Cassandre Bouvier el juez  Martín Pérez se fijó un objetivo: establecer con cierta precisión el momento de sus muertes. Teniendo en cuenta los días que estuvieron desaparecidas, el lugar donde fueron asesinadas y la cantidad de gente que visita la Quebrada de San Lorenzo, en Salta, la prueba científica pasó a convertirse en uno de los puntos claves para la investigación.

(Diario Perfil 15-08-2011)

Por eso, el juez Martín Pérez, le pidió a Rosana Ayón, entomóloga forense del Cuerpo de Investigaciones Fiscales de Salta, que analice las larvas de moscas halladas en los cadáveres de las turistas francesas asesinadas en la Quebrada de San Lorenzo.
Así se estimó la fecha en que se cometió el doble crimen. Ahora se cree que las mataron entre 13 y 14 días antes del hallazgo de los cuerpos, ocurrido el 29 de julio. Esto llevó a descartar la hipótesis que sostenía que las víctimas permanecieron secuestradas desde su desaparición y que las mataron tres días antes del momento en que encontraron sus cadáveres.

Las pruebas científicas en la investigación policial
Las pruebas científica... en el diario Perfil

Los insectos, primeros en llegar a la escena del crimen, aportaron los datos necesarios para arribar a esa conclusión. “La fauna cadavérica ofrece indicadores biológicos claves para establecer la fecha de la muerte y otras circunstancias que la rodean. La entomología forense es la disciplina que estudia con fines judiciales a los insectos y otros artrópodos que colonizan un cuerpo en descomposición”, afirma Roxana Mariani, una zoóloga especializada en estas técnicas que trabaja en el Laboratorio de Antropología Forense de la Universidad Nacional de La Plata.
En el país, la entomología forense fue introducida hace 18 años por Adriana Oliva. “Supe de la disciplina en los años 80 cuando ya era doctora en Ciencias Biológicas. Me interesé y conseguí una beca para formarme en Bélgica en 1992”, aclara en su laboratorio entomológico del Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires.
Dos años después, en 1994, trabajó en el Caso Carrasco, donde los investigadores buscaban establecer la fecha de muerte del conscripto, cuyos restos habían aparecido un mes después de su supuesta deserción del servicio militar en un cuartel de Zapala, Neuquén.
“Tras estudiar las larvas de moscas verdes que recogieron del cuerpo del chico, había que calcular 25 o 30 días de intervalo postmortem. Hubo mucha presión para que reduzca ese período pues mis conclusiones indicaban que habían ocultado el cuerpo”, recuerda. Finalmente se comprobó que había sido asesinado en instalaciones militares por varias personas.
Luego la disciplina se fue expandiendo y se usó en varios casos policiales muy mediáticos como el de la Familia Pomar, el de Natalia Di Gallo, el del estudiante Sebastián Bordón y el de Natalia Melmann.
Pero los entomólogos no son los únicos naturalistas en la escena del crimen. Mariani trabaja con Salceda, antropóloga física y con Horacio Calandra, arqueólogo. Trabajan en el  Laboratorio de Antropología Forense de la Universidad Nacional de La Plata, donde se habituaron a alternar el trabajo en las aulas y el museo con los casos policiales.
“La antropología física llega al ámbito forense a partir del trabajo con huesos para determinar edades de los fallecidos o causas de muerte”, dice Salceda. “La arqueología forense aporta técnicas de extracción que permiten conservar la mayor cantidad de información que ofrecen las pruebas”, agrega Calandra.
“Somos intrusos en la escena del crimen -sigue-. Llegamos donde ya investigaron policías o bomberos y revisamos su trabajo. No siempre cae bien”. Esa distancia del mundo policial los obliga a blindarse emocionalmente para que su tarea no se vea condicionada.
“Para trabajar objetivamente, intento no saber nada sobre las personas vinculadas a una causa”, cuenta Salceda.Y recuerda cuando investigó la muerte de Jorge Pianello analizando su cráneo, a pedido de Rodolfo Lanza, juez en lo Criminal de Lomas de Zamora: “Hallamos lesiones cerca del oído con un instrumento similar a una masa que comprometieron a una chica muy joven, quien luego de conocer el resultado de la pericia, se quebró y confesó que lo había matado”. Poco después, Salceda supo que la chica quedó presa estando embarazada y que Pianello, al que había matado, abusaba de ella.
“Una historia complejísima. Se mezclaban los roles de víctima y victimario. Si la hubiera conocido antes, tal vez inconscientemente hubiese tomado partido. Es un trabajo muy distinto al de laboratorio”, admite.
También debió adaptarse Calandra, quién en 1998 participó en el descubrimiento de una ciudad jesuita del siglo XVIII en Salta.Poco después, el fiscal Javier Mendoza, de Quilmes, lo llamó para buscar a Fabián Velardez, obrero del frigorífico Finexcor. “Desapareció en su trabajo. Lo vieron por última vez, cerca de una máquina que tritura carne para fabricar chacinados”, recuerda el arqueólogo.
“Hubo que analizar los residuos de esa máquina que se almacenaban en contenedores. Uno aprende un modelo de excavación arqueológica en la facultad, pero acá había que hurgar entre restos bovinos y porcinos. Me puse la ropa de trabajo del frigorífico y dividí el terreno en una cuadrícula. Organicé a los obreros y mientras paleaban residuos sobre una manta, yo los revisaba. Pronto hallamos una mandíbula humana. Se analizó el ADN, se comparó con una muestra tomada de la ropa de Velardez y se determinó que había caído en la trituradora”, relata.

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