Sospechan que un excomisario participó en rituales donde se abusaba de menores

Jorge Maidana, excomisario sospechoso de participar en rituales donde se abusaba de menores.
Maidana estuvo prófugo hasta el pasado martes.

También trabajaba como profesor en una escuela. Sospechan que encubrió las ceremonias satanistas. Se encuentra detenido.

(Diario Perfil 7-10-2012)

Lo apodan “Chuky”. Era profesor de Historia en la escuela secundaria, fue miembro del jurado que eligió a la Reina Estudantil de la Primavera y, hasta hace dos años, comisario de la villa turística de Empedrado, Corrientes. Pero además, Jorge Maidana está sospechado de encubrir y participar de rituales en los que se abusaba de menores, mientras estaba a cargo de la policía de esa localidad, conocida como “La Perla del Paraná”, ubicada a 55 kilómetros de la capital correntina.

El caso estalló el pasado 21 de septiembre, cuando dos hermanitos, uno de 10 y otro de 14 años, revelaron en la escuela que habían sido abusados sexualmente varias veces por su padre y sus primos en rituales mágico-religiosos que combinaban prácticas de varias creencias, especialmente satanistas. Al enterarse su madre, Inés Valenzuela, radicó la denuncia en la comisaría.

Los menores involucraron a 11 personas, casi todas de su entorno familiar, salvo Maidana y su pareja, Jorgelina Benítez, bibliotecaria de la escuela donde iban los chicos. Según sus dichos, ambos serían partícipes secundarios de los rituales donde se cometían vejámenes.

La fuga

En Diario Perfil del 7/10/12
En Diario Perfil del 7/10/12

La primera reacción de Maidana fue de cooperación. “Le dijo a los policías que lo fueron a buscar a su casa que enseguida los acompañaba. Pero luego huyó en la parte de atrás de una camioneta”, relata a Perfil, Guillermo Escalante, abogado querellante en la causa que se abrió para investigar los vejámenes.

La maniobra provocó una pueblada y dividió a la “Perla del Paraná”, entre afrobrasileños, por un lado, y católicos y evangélicos, por otro (ver aparte).

En tanto, Maidana estaba en el departamento de su suegra en Corrientes Capital.

Mientras estaba prófugo, contrató un abogado mediático, Ricardo Sosa quién defiende a ocho sospechosos de este caso, aún los que dicen no conocerse entre sí. Así permaneció hasta el martes al mediodía, cuando la policía rodeó el departamento donde se ocultaba. Enseguida llegó Sosa, pidió calma a los efectivos, entró a la vivienda y, en minutos, se entregaron Maidana y su pareja.

En Diario Perfil del 7/10/12
En Diario Perfil del 7/10/12

Tras la detención y la aparición de nuevas pruebas, el fiscal de la causa Osvaldo Ojeda señaló a este diario que “pidió el cambio de la imputación que era de encubrimiento agravado por la de participación secundaria en abuso de menores y asociación ilícita”.

Días después, aparecieron una chica de 17 y otra de 19 años que denunciaron por abusos a las mismas personas que nombraron los chicos. En total, hay doce sospechosos, de los cuales ya hay ocho detenidos.

“Los dos primeros denunciantes describieron varias veces, sin mostrarse dubitativos, los rituales y las casas que funcionaban como templos. Sus descripciones coincidían con lo que se vio en los cinco allanamientos realizados. Eso da la pauta que no mienten”, sostiene el fiscal Ojeda, quién pidió una nueva declaración de los menores pero en una cámara gesell.

Los rituales

Una fuente cercana a la investigación dio detalles del relato de los chicos abusados. “Las reuniones se hacían jueves o viernes de madrugada, o antes de Semana Santa. Hacían como una ceremonia en otro idioma en el galpón de mi abuela, donde hay un altar con imágenes de San Baltasar, San La Muerte, Iemanjá, Exu, Gauchito Gil y San Expedito. Se vestían de rojo o negro y quienes hacían de pai no se identificaban con un nombre, sino con un número. Usaban velas negras, velas rojas y manzanas. A los chicos de 4 o 5 años, les daban un té raro, como para doparlos. Allí tenían relaciones todos con todos. Un día, mi tía lejana que vino de Buenos Aires trajo un bebe muerto en una caja de galletitas, que se ofrendó”.
Ojeda agregó que “los menores presenciaron simulacros de muertes en carácter de ofrenda”.

El abogado querellante Escalante sumó un dato clave: uno de los chicos vio en una de estas ceremonias “un video en el que violaban y mataban a una tal Romina”. Lo que remite al caso de Romina Gutierrez, una menor de 11 años asesinada en octubre de 2007 en Empedrado. Su crimen nunca se esclareció.

Pero tanto Escalante como Ojeda comparan el caso con un crimen ritual de un chico de 12 años, ocurrido en octubre de 2006 en la ciudad correntina de Mercedes: el caso Ramoncito. De hecho, el viernes, el mismo equipo de policías de Delitos Complejos que ayudó a aclarar esa muerte empezó a investigar los abusos de menores en Empedrado.

“Hay que evitar una cacería de brujas”

El pedido de justicia de los habitantes de Empedrado empezó con una convocatoria en Facebook en la víspera del fin de semana pasado. Pero rápidamente el reclamo se volvió violento. La casa del ex comisario Jorge Maidana fue atacada a piedrazos y, sin la intervención policial, hubiera terminado saqueada e incendiada. Luego la bronca se trasladó al galpón de Irene Bernal, curandera y abuela de los abusados. Allí, donde se sospecha que los hermanitos habrían sufrido los abusos, también hubo piedras.
Luego, el fin de semana cortaron la Ruta Nacional 12. Cuando levantaron esa protesta, comenzó a manifestarse en la comunidad una división entre fieles cristianos y afrobrasileños. El pai Rogelio Benítez, sacerdote umbanda, cuenta que uno de sus hijos fue acosado en la escuela: “Le dijeron ‘en tu familia matan gurises y los violan’”. Además refiere que algunos templos fueron atacados por la noche.
Esto sucede en una provincia en la que el debate religioso es muy intenso. Hace menos de un mes se aprobó en la Legislatura una “ley de protección a víctimas de sectas”, que poco después vetó el gobernador, Ricardo Colombi.
El antropólogo cultural José Miceli salió a calmar los ánimos en una radio local: “Hay que evitar una cacería de brujas. Criminalizar las creencias por el hecho de que sean marginales no soluciona nada. Aunque los ejecutores de estos delitos se presentan como pertenecientes a estos cultos, en realidad toman las prácticas, ritos y contenidos para otros fines”, advirtió.
Calificó los ritos descriptos por las víctimas de abuso como “deformaciones de las prácticas kimbanda”. La kimbanda es una línea de religión donde se invoca a los “exus”, espíritus menos evolucionados en la cosmovisión afrobrasileña.

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